GARDEL
Humberto Constantini  

Para mí lo inventamos.

Seguramente fue una tarde de domingo,

con mate, con recuerdos, con tristeza,

con bailables bajitos, en la radio,

después de los partidos.

[..]

 

Entonces, qué se yo,

nos pasó algo rarísimo.

Nos vino como ángel desde adentro,

nos pusimos proféticos.

Nos despertamos bíblicos.

Miramos hacia las telarañas del techo,

nos dijimos:

"Hagamos, pues, un Dios a semejanza

de lo que quisimos ser y no pudimos.

Démosle lo mejor,

lo más sueño y más pájaro

de nosotros mismos.

Inventémosle un nombre, una sonrisa

una voz que perdure por siglos,

un plantarse en el mundo, lindo, fácil

como pasándole ases al destino."

Y claro, lo deseamos y vino.

Y nos salió glorioso, engominado,

eterno como un Dios o como un disco.

Se entreabrieron los cielos de costado

y su voz nos cantaba:

mi Buenos Aires querido...

Eran como las seis,

esa hora en que empiezan los bailables

y ya acabaron los partidos.

 

Humberto Constantini