Barcelona es un tango
La ciudad recupera su histórica tradición tanguera con la llegada de emigrantes argentinos

El baile es, sobre todo, un rito celebrado en pareja

Alfred Rexach

La Vanguardia podrían parecer miembros de una logia masónica, reunidos secretamente en lugares que sólo ellos conocen, pero son bailarines de tango. Intenso, dramático, dicen que triste, inevitablemente seductor, el tango ha vuelto a Barcelona. Cada noche de la semana, también algunas tardes, en lugares como la Casa de Valencia, La Cúpula o el Club de 7 a 9, en antiguos locales sociales o incluso en pisos particulares, los aficionados al tango abren sus bolsas, en las que guardan los preciados zapatos de baile, y recuperan el ritual de esta música argentina y universal, que hoy vuelve a bailarse en todo el mundo.

"El tango es la ONU de los sentimientos", dice un habitual. "Un espacio, una música, que reúne a ciudadanos de todo el mundo" superando barreras nacionales, económicas, étnicas y hasta religiosas. Buenos Aires es la meca de los que aman el tango, pero hoy esta música fascinante y pasional se baila también en Berlín, Ankara, Pekín, Katmandú, Tel Aviv, Helsinki, Nueva York o Sydney. Barcelona, la que fue llamada "tercera patria del tango" por el compositor y letrista Enrique Cadícamo (Nostalgias), se ha incorporado también con fuerza a este circuito.

Carlos está pensando seriamente en dejar la fotografía para dedicarse en exclusiva a dar clases y a organizar milongas (reuniones para bailar). "El tango es muy absorbente y en Barcelona cada vez hay más gente que quiere aprender a bailarlo". Buena parte de los que se incoporan son jóvenes veinteañeros, como Jesús -cabello corto, piercing en una oreja-, totalmente seducido por esta música: "No sé por qué me gusta, pero me emociona"

El corralito, aquella devastadora crisis financiera y bancaria que dejó a cientos de miles de argentinos sin sus ahorros y que provocó su huida de un país de incalculables riquezas naturales, casi hundido económicamente, ha incrementado de manera notoria la población argentina en Barcelona. Hoy, los profesores de tango instalados en la ciudad tienen llenas sus agendas y no paran de organizar nuevos cursillos. Constantemente se incorporan aficionados, seducidos por la magia de las tremendas y bellas melodías que compusieron Discépolo, Troilo, Pugliese o Piazzola. El ambiente en las milongas no tiene nada que ver con el de las discotecas y su demoníaca música electrónica. Instrumental o cantado, el tango es, sobre todo, un rito celebrado en pareja. Aunque es muy posible que los bailarines acaben de conocerse y que después de danzar, sin cruzar apenas unas palabras de cortesía entre pieza y pieza, no vuelvan a verse jamás.

En el despegue de la carrera internacional, que iba a llevarle a convertirse en un mito en todo el mundo, Gardel debutó como solista en Barcelona, antes de consagrarse en París. Su éxito en la capital catalana fue instantáneo y contundente. Luego llegaron otros músicos, como el trío compuesto por Agustín Irusta, Roberto Fugazot y Lucío Demare, que consolidaron la tradición tanguera, ahora recuperada.

Bailar tango no es sencillo, aunque para el maestro Carlos Daurat "sólo se trata de caminar siguiendo el ritmo". Gisela Navoni, argentina de Rosario, que da clases regularmente en Barcelona, admite que "hay alumnos que lo dejan porque piensan que sólo tienen que aprender unos cuantos pasos".

Construido sobre un juego de dos por cuatro compases, el tango se desarrolla a partir de una caminata de ocho pasos. A partir de ahí, se crean distintas figuras (arrastres, ganchos, sacadas...) que adornarán los bailarines, que deben girar por la pista en sentido contrario al de las agujas del reloj. Lo más importante es seguir el ritmo interpretando cada partitura según el sentimiento y las emociones de cada bailarín. "Esto no tiene nada que ver con el tango que se ve en los escenarios", opinión que coincide con la que mantenía Jorge Luis Borges, amante del tango arrabalero de San Cristóbal, Palermo y San Telmo, los barrios de Buenos Aires que conservan la antorcha de la autenticidad.

El tango atrae cada vez a más barceloneses, que acuden a las academias o a las clases organizadas por profesores argentinos. "Viene gente de todas las edades y condiciones", comenta Jorge Udrizard, aunque "hay muchísimos jóvenes". Suenan las notas de La yumba, de Osvaldo Pugliese, y el tango de arrabal sigue en la noche de Barcelona

RAUL MAMONE
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