Carlos Gardel

Dónde nació Carlos Gardel? ¿En Tacuarembó, como sostienen algunos estudiosos uruguayos? ¿En Toulose, como aseveran los únicos documentos conocidos al respecto? ¿En la Argentina, tal como afirman terceros en discordia?

No es grato comprobar cómo la nacionalidad de quien se consideró rioplatense, más allá de cualquier fatalidad geográfica, es motivo de enconadas confrontaciones y más ingrato es que, para sostener determinadas teorías, crean algunos necesario agraviar la figura de doña Berta, su madre. Hasta tanto no se pruebe documentadamente lo contrario será necesario sostener que nació el 11 de diciembre de 1890 en Toulose, ciudad del sudoeste de Francia levantada a orillas de Garona.

Su madre (soltera), la joven Berthe Gardes, desembarcó en Buenos Aires con el niño cuando éste tenía dos años y lo crió lo mejor que pudo, sosteniéndose principalmente con su trabajo de planchadora. Los talleres de planchado eran entonces muchos en la ciudad porque una moda de las clases altas y de las que aspiraban a serlo consistía en usar camisas planchadas al almidòn. La niñez de Gardel ha sido objeto también de investigaciones, conjeturas y probanzas nunca del todo satisfactorias. Sin duda su madre lo mandaba a la escuela y la tradición quiere que haya sido compañero de Ceferino Namuncurá en el colegio Pío IX, de los sacerdotes que entonces se llamaban salesianos y ahora, de Don Bosco. Y sin duda también el hijo rabonearía, como cualquier otro chico de su ambiente, y andaría haciendo gravoche.

Más seguro es recordar que hacia 1910 ya merodeaba por el conocido café "O Rondeman", emplazado en Agüero y Humahuaca. Lily Franco -fina escritora de estirpe circense- asegura que el llamado "O Rondeman" era, en realidad, el restaurante, café y billares "El Progreso", al que le quedó el nombre de "o Rondeman" porque alguno de sus dueños, para ordenar una vuelta de bebida, de salame o de lo que fuera profería algo que sonaba como "o rondeman de ...". Los dueños eran los Traverso -Yiyo, Constancio, Félix y José-. Por allí solía vagabundear el pibe Carlitos, que ya no era tan pibe, pues tenía 20 años, y a quien su nacionalidad -¿francesa?, ¿uruguaya?- le había permitido "salvarse" del servicio militar. Al pibe Carlitos le tiraba el canto, las canciones melódicas que podían escucharse en los cilindros fonográficos dende se perpetuaban las voces de Angel G. Villoldo, Arturo Navas, Diego M. Munilla, Juan A. Sarcioni, José Luis Betinoti. Es posible que lo llamaran el Morocho o el Francesito y, ¿por qué no el Gordito, ya que lucía morrudo? Los Traverso le habían cobrado afecto y lo dejaban cantar y pasar el platito. Su fama se fue extendiendo por el Abasto y alguien pensó en enfretarlo con el oriental José Razzano, hombre que cultivaba el tradicionalismo o criollismo en boga, cantaba cosas camperas y malambeaba con destreza. La tradición quiere que se hayan encontrado en la casa de un pianista llamado Gigena, situada detrás del Mercado. Allí se alteraron en el canto y no excluyeron a otro aficionado, Panchito Martino.

Aquella velada debió afianzar la incipiente fama del "tenor", porque en 1912 José Tagini, que grababa bajo licencia de Columbia Gramophone, lo contrató para quince registros. Inmediatamente después comenzaron sus andanzas canoras, primero con Panchito Martino; luego con el trío Gardel-Martino-Razzano, que pronto se hizo cuarteto, al incorporarse Saúl Salinas (quien enseñó a sus nuevos compañeros a cantar a dos voces y no al unísono, como lo hacían) y finalmente devino al dúo de Gardel y Razzano. Una circusntancia feliz los llevó a cantar en el "Armenonville", suntuoso cabaret construido en 1909, el 31 de diciembre de 1913. Escucharlos y contratarlos con un cachet fabuloso fue todo uno para los concesionarios del lugar, los señores Loureiro y Lanzavecchia, y allí se quedaron cantando durante tres meses, si bien muy pronto se les sumó Panchito Martino.

El "Armenonville" fue su plataforma de lanzamiento profesional, porque el día 12 de enero ya estaban cantando en un fin de fiesta en el teatro "Nacional", donde continuaron hasta el día 20. De allí en más comienza la rutina de los triunfadores. En julio de 1915 se embarcan hacia el Brasil con la Compañía Dramática Rioplatense y en el barco "Infanta Isabel" los oye cantar Enrico Caruso. Poco después se lucen en la Compañía Tradicionalista Argentina, que presenta en el teatro "San Martín" algunas piezas criollas. Ese mismo año, al cumplir sus 25 -es decir, en la noche del 10 de diciembre-, el patotero Roberto Guevara le incrustó en el pulmón izquierdo una bala que lo acompaño sin moverse de allí hasta el día de su muerte. El dúo cantó luego para Ortega Munilla, Ortega y Gasset y Eduardo Marquina.

En 1917 Gardel entona su primer tango, Mi noche triste, en el escenario del "Empire". El dúo se codea ya en el varieté porteño con las figuras más rutilantes: Lola Membrives, la Argentinita y hasta Antonia Mercé (la Argentina). Antes de cantar, en 1924, para el Príncipe de Gales (luego Eduardo VIII), en la estancia que los Casares tenían en Huetel, el dúo viajó a España, para hacer los fines de fiesta en las representaciones de la compañía de Enrique de Rosas y el 7 de enero de 1924 debutó en el "Apolo" de Madrid. No les fue bien; aprovecharon, entonces, para correrse a Toulouse, donde estaba de paseo su madre, doña Berta. Luego hicieron la consabida escapada a París y el 2 de febrero estaban de regreso a Buenos Aires, a bordo del Giulio Cesare. Los diarios informaban cumplidamente de estas andanzas. Gardel fue un precursor de las relaciones públicas: antes de partir y al llegar visitaba a sus amigos periodistas.

GARDEL EN FRANCIA

En 1924 Carlos Gardel se ha convertido ya en un cantor de tangos, si bien mantiene su gusto por los temas camperos. Ese año graba 54 tangos en un total de 77 composiciones. El que ha sido el mayor "cantor criollo de escenarios" demuestra que se ha convertido en el mayor cantor de tangos. Diez años y será el mayor cantante popular de su tiempo, superior a Maurice Chevallier y a Bing Crosby, según el criterio del historiador inglés Simon Collier. En 1928 Carlos Gardel llega a París. El 30 de setiembre de 1925 se ha separado de José Razzano, cuya garganta, apenas menos joven que la de su compañero-había nacido en 1887- se ha deteriorado. Luego ha triunfado en España, donde un criollo andariego y despabilado, Francisco Spaventa, andaba cantando tangos con el éxito no despreciable. Gardel se embarca en el Conte Verde el 12 de setiembre. Es la cuarta vez que toma un "piróscafo" : antes de morir cruzará el océano tres veces más. No viaja solo: lo acompañaban sus guitarristas (José Ricardo, Guillermo Barbieri, José María Aguilar), su manager Luis Gaspar Pierotti y su chofer Antonio Sumage. El tango, boom europeo hacia 1910, que en 1912 enloquecía a los franceses y a las francesas , había sido barrido por la primera guerra mundial. Sin embargo, hacia 1920, un bandoneonista emprendedor, Manuel Pizarro, inició con éxito la reconquista.

En 1928 Pizarro reinaba en la noche parisiense, ya había muerto Arolas en el hospital Bichet y Canaro había triunfado en el Garrón. Gardel no hablaba francés, aunque lo entendía con facilidad y se hacía entender. Pizarro le allana el camino, que no es fácil; se presenta en un festival de beneficio realizado en el teatro "Femina", el 2 de octubre debuta en el cabaret "Florida", interviene en otro festival, canta en diversas salas y marcha a Cannes. En ocasiones se desempeña vestido de esmoquin y en otras, con atuendo gauchesco, como lo había hecho el gran bailarín Bernabé Simarra en 1912 y como lo hicieron, en 1925 los músicos de la orquesta de Francisco Canaro. Antes de regresar a Buenos Aires, va a recoger aplausos y dinero en Barcelona y en Madrid. Cuando pisa otra vez suelo argentino, el 17 de junio de 1929, se siente feliz. Trabajador impenitente, Gardel vuelve pronto a su rutina de presentaciones, de giras, de radio, de grabaciones. Es un perfeccionista que estudia y ensaya sin descanso. Pudo haber anclado en el canto de tierra adentro, que le rentaba buen dinero, pero aceptó el desafío del tango. Tal vez en París y en Cannes haya comenzado a acunar el sueño de convertirse en un cantante internacional. Por eso, el 6 de diciembre de 1930 se embarca en el Conte Rosso. Llega a París, canta en el "Empire"; en mayo de 1931 realiza una breve temporada en el teatro "Palace", como étoile de una compañía de revistas en la que cantaba Jean Sablon, y parte hacia Niza, contratado por el "Palais de la Mediterranée". Allí está Charles Chaplin descansando de sus triunfos cinematográficos y de sus derrotas sentimentales. Sara Baron Wakefield presenta a los dos Carlos, que entablan una relación afectuosa y duradera. Pero Gardel piensa en el cine.

 

GARDEL EN EL CINE

Por entonces Hollywood dedica una parte de sus estudios al cine hispanohablado, porque los títulos sobreimpresos ahuyentaban a un gran sector del público con dificultades de lectura (el doblaje no se había inventado). En ese cine descuella José Mojica, el gran tenor mexicano. Es de suponer que Gardel pensara en emular a Mojica, como cuando se dedicó al canto criollo pensaba en Arturo Nava (sólo cuando se dedicó al tango no tuvo modelos, porque no había entonces cantores de tangos, él fue el primero). Y comienza la etapa final, los seis años en que culminan su carrera y su vida. En las cercanías de París filma Luces de Buenos Aires, con actores argentinos y un director chileno, Adelqui Millar, aunque a éste lo dirige Manuel Romero. Luego, tres películas más, Espérame, La casa es seria, Melodía de arrabal, con actores españoles, entre ellos Imperio Argentina, que ya era estrella y ocupaba el primer lugar del cartel. Los argumentos y las canciones son de Alfredo Le Pera, un periodista argentino de origen ítalo-brasileño radicado en París. Produce las películas la empresa norteamericana Paramount y el éxito es resonante en todo el mercado hispano. En Luces de Buenos Aires canta Tomo y ombligo y era frecuente que el público reclamara un bies y fuera necesario rebobinar la película la película para que cesara la batahola. Pero Gardel mira hacia el norte. Sigue intentando convertirse en un cantante internacional y, al presentarse en el teatro Broadway, en 1931 ha cantado una canzonetta, ante la incomprensión de sus amigos. Ha grabado en francés, con la jazz de Gregor Kalikian. A instancias de Hugo Marinari, un músico ítalo-uruguayo influyente en la National Broadcasting Company (NBC), va a Nueva York, canta, desafía victoriosamente el riesgo de hacerlo con una numerosa orquesta a sus espaldas; y, en tanto, negocia tesoneramente sus nuevas películas, hasta que consigue que le paguen lo que él sabe que vale. No filma en Hollywood, sino en estudios arrendados en Long Island, Cuesta abajo (1934), El tango en Broadway (1934), El día que me quieras (1935), Tango bar (1935). Dos estrellas del cine hispano lo acompañan: Mona Maris y Rosita Moreno. Rueda también un pasaje de The Big Broadcast 1935, pero tampoco lo hace en Hollywood, sino en Long Island, de modo que no tiene ocasión de conocer a los astros de ese filme, Bin Crosby , entre ellos. El éxito de sus películas es multitudinario.

EL PRINCIPIO DEL MITO

Mientras prepara nuevos contratos, dudando entre Estados Unidos y Buenos Aires, desde donde lo tienta Manuel Romero, emprenda la última gira de promoción. Una multitud lo recibe en San Juan de Puerto Rico; otra, en Caracas. Canta en Curazao y en Aruba. El 10 de junio llega a Medellín y actúa allí durante tres noches. El 14 está en Bogotá. Actúa sin interrupción hasta el 23. El 24 parte hacia Cali, la meta postrera de ese itinerario fatal. Hay una escala técnica en Medellín. A las 14.26 el avión aterriza. A las 14.58 intenta reanudar el vuelo y cuando apenas se ha elevado unos metros se estrella contra otra máquina a la que un error humano ha detenido sobre la pista. Entre los muertos por el accidente están Gardel, Le Pera y los guitarristas Barbieri y Riverol. La fama de Gardel no se debe a su muerte trágica, que lo sorprendió en lo mejor de su carrera. Ya era "el Mago" antes de morir. Siempre fue el primero en lo suyo. El cine dio a su fama dimensión internacional. Pero su vigencia se debe a que cada día canta mejor, como dijo con felicidad Julio Jorge Nelson; es decir, a que la tecnología permite descubrir permanentemente matices de su arte que las viejas reproducciones no captaban. Querido y admirado, Gardel es el paradigma del porteño, su ídolo y el motivo de un fervoroso culto que no cesa. Era francés, uruguayo o argentino? Nada de eso; Gardel es eterno, como el agua y el aire. (Cybertango)

RAUL MAMONE
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