Como dos extraños
Sabido es que muchas letras de tango surgieron de experiencias personales o de historias escuchadas y que algún rápido letrista convirtió en poesía para un tango. Y este último es el caso de Como dos extraños .

La historia comienza en el famoso Marabú, lugar donde Aníbal Troilo debutó con su orquesta allá por el año 1938.
Entre tantos habitués de aquel cabaret se encontraba José María Contursi, quien fue uno de los testigos del relato que luego sirvió para escribir la letra de este tango que luego tuvo música de Pedro Laurenz.

Es esta, indudablemente, una historia de amor, contada magistralmente en tres minutos y que lleva encerrada toda la pasión de un amor, en este caso que no tuvo futuro, junto al profundo dolor del fracaso.

Los protagonistas de este romance fueron un mozo y una copera de aquel Marabú.
En una oportunidad en el Marabú se solicitaron chicas para trabajar de coperas, y entre las que se presentaron estaba una muchacha muy bella que había llegado de Córdoba buscando trabajo.
La juventud y belleza de la muchacha fueron suficientes para conseguir el puesto ofrecido.
Al poco tiempo comienza a sentir un especial afecto por uno de los mozos del cabaret. Y lo que primero comenzó como una amistad terminó en amor y se pusieron de novios.
Juntos comenzaron a pensar en un futuro y decidieron ahorrar dinero, casarse, tener hijos y por supuesto compartir una vida.

El mozo y la copera, además, se habían ganado el cariño de sus compañeros de trabajo.
Pero el destino, la desgracia, o la mala suerte, llámelo como quiera, estaba a la vuelta de la esquina y una noche todo se vino abajo.

Apareció cierta noche por el Marabú un hombre flanqueado por dos individuos. Este personaje que como una aparición se hizo presente en el cabaret, tomó a la copera de los pelos y la arrastró hacia la puerta. Inmediatamente todos reaccionaron y salieron en defensa de la muchacha.
Pero, más allá del brutal acto de este hombre, nada se podía hacer. Con un gesto de autoridad y firmeza el desconocido sacó una libreta de casamiento donde figuraba que esa muchacha era su legítima esposa. Según él venía a rescatarla de ese antro de perdición.

La impotencia y la bronca surcaron los rostros de sus compañeros de trabajo, y el mozo quedó, prácticamente destruido. No había forma de consolarlo. Todos los sueños, proyectos e ilusiones se habían perdido en un instante.
El tiempo, dicen, cura todos los males y lava las penas de amor, pero en este caso no fue tan sencillo, pues pasaron dos años y el mozo seguía sintiendo amor por aquella muchacha.

Quizás pensando que le hacían un favor, y viendo que el joven no se reponía, sus compañeros lo incitaron a que fuera a buscarla.
Por los datos que tenía de ella sabía donde podría ir a buscarla. Así que una vez que tomó la decisión sacó un pasaje en tren y partió hacia Córdoba.

Por fin la encontró, en un barrio de las afueras de Córdoba, en una almacén de ramos generales donde ella atendía.
El mozo entró al boliche como un fantasma y de pronto la vio detrás del mostrador. Como si hubiera recibido un golpe en el rostro, se quedó petrificado. Casi sin vida. Lo que veía no podía ser esa muchacha alegre y bella de la que se había enamorado.

En solo dos años ella había perdido toda su gracia, belleza y encanto, estaba desaliñada, gorda, había perdido los dientes y su mirada estaba perdida, quizás, en un horizonte lejano donde un amor había muerto para siempre.
Los ojos del mozo se llenaron de lágrimas y algo tironeó dentro de su corazón y, sin ser capaz de acercarse, dio media vuelta y se fue para siempre.

José María Contursi escuchó esta historia de boca del propio mozo, de ahí a construir esos hermosos versos que son los de Como dos extraños fue solo una cuestión de tiempo.

Carlos Hugo Burgstaller

 

COMO DOS EXTRAÑOS

Letra: José María Contursi
Música: Pedro Laurenz
Compuesto en 1940

 

Me acobardó la soledad

y el miedo enorme de morir lejos de ti...

Qué ganas tuve de llorar,

sintiendo junto a mí

la burla de la realidad.

El corazón me suplicó

que te buscara

y que te diera su querer...

Me lo pedía el corazón y entonces te busqué,

creyéndote mi salvación.

 

(estribillo)

 

Y ahora que estoy frente a tí

parecemos ya ves dos extraños...

Lección que por fin aprendí,

Cómo cambian las cosas los años.

Angustia de saber, muertas ya,

la ilusión y la fe.

Perdón si me ves lagrimear,

los recuerdos me han hecho mal.

 

Palideció la luz del sol,

al escucharte fríamente conversar.

Fue tan distinto nuestro amor

y duele comprobar,

que todo, todo terminó.

Qué gran error volverte a ver

para llevarme destrozado el corazón.

Son mil fantasmas al volver,

burlándose de mi las horas de ese muerto ayer

 RAUL MAMONE
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