LA VIDA COTIDIANA Y EL TANGO
por Conrado De Lucia

Apartado de las modas que impone fugazmente el negocio transnacional de la música, el tango mantiene invariable su vigencia.
Es una realidad cultural tan compleja: melodía, canto, danza, poesía, que sus múltiples facetas se van adecuando al cambio de las épocas.
Actualmente resurge como fenómeno masivo el tango danza, que trasciende incluso nuestro país para convertirse en moda mundial, como lo fue en las primeras décadas del siglo que recién concluye.
El tango para escuchar, particularmente el de gran complejidad orquestal, conserva su vigencia entre los que prefieren la música culta.
La superación técnica le ha permitido asimilarse con lo clásico y lo sinfónico sin desmedro de sus modalidades propias.
La poesía sigue encontrando un soporte adecuado para ser cantada e interpretada, dentro de los particulares matices que le otorgan las melodías y los instrumentos típicos del tango.
Pero el tango recóndito, el que permanece a diario en el corazón y en la mente de los tangueros, es el que nos habla de lo que todos vivimos, hemos vivido o hemos conocido en el cotidiano drama de la existencia.
Es el pensamiento triste al que aludió Discepolo sin tener que dar mayores explicaciones, porque todos lo entendieron. Es el reflejo inmediato y veraz de la vida que cada uno de nosotros lleva adelante, a veces a cuestas, a veces con callado sufrimiento.
El tango rumiado interiormente, el que suena en nuestros oídos del alma mientras viajamos en el colectivo o caminamos por una calle cualquiera, es en definitiva el que desde su sentido profundo alimenta a la danza, a la composición para gran orquesta, y al modesto silbar de quien se siente, a través del tango, partícipe de algo grande, de algo que nos concierne a todos, que nos expresa y que nos
trasciende.

Publicado en el número 2 de la revista "Bondiguía"